El CIDE y el restablecimiento de las Relaciones Diplomáticas entre México y España
Martes, May. 09, 2017
 
El CIDE y el restablecimiento de las Relaciones Diplomáticas entre México y España

Entrevista con Trinidad Martínez, fundadora del CIDE

El pasado 28 de marzo se cumplieron 40 años del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y España, vínculo que se rompió debido a la guerra civil que el General Francisco Franco inició en contra de la Republica española en 1936. Con la represión generada por el régimen inició la persecución, éxodo y exilio de cientos de miles españoles hacia Francia, de los cuales más de 20 mil fueron acogidos posteriormente por México, durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas del Río.

Trinidad Martínez Tarragó, fundadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), fue una de los miles de niños que llegaron a México junto a los españoles refugiados y que, años más tarde, con su esfuerzo y trabajo, retribuyeron a México la generosidad con la que este país los recibió para convertirse en su nuevo hogar.

“Yo cumplí con lo que me enseñaron mis padres: ‘México nos ha dado todo, denle a México lo que puedan’… aún escucho la voz de mi padre… y creo que cumplí con México”, comparte en entrevista quien concibiera, fundara y dirigiera durante diez años el CIDE, el cual pertenece a la red de Centros Públicos de Investigación del CONACYT.

Nacida en Barcelona el 1 de diciembre de 1928, Trinidad Martínez llegó al Puerto de Veracruz en julio de 1939, a bordo del buque Orinoco, y posteriormente ella y su familia se trasladaron en tren hasta la Ciudad de México.

Durante varios años los exiliados españoles vivieron con la ilusión de que iban a regresar a España; sin embargo, también comprendieron que México era su nueva patria y su nuevo hogar: “México me dio lo que España me quitó”, comenta Trinidad, quien al alcanzar la mayoría de edad se nacionalizó mexicana.

La gestación de una idea

La mexicana nacida en Barcelona estudió la licenciatura en Economía en la entonces Escuela de Economía de la UNAM, de 1950-1955. Ahí conoció a su esposo, con quien se casó en 1957 y poco después, en 1960, se fueron a estudiar el posgrado a la Universidad de Glasgow, en Escocia, con un bebé de tres meses. En ese país nació su segundo hijo en 1965.

Tras concluir sus estudios de posgrado, la Universidad de Glasgow los contrató como profesores, donde permanecieron hasta 1971. Ello le permitió a Trinidad identificar que a la Universidad llegaban alumnos del tercer mundo a estudiar maestrías, porque en estos países, entre ellos México, no había posgrados.

“En 1970 vinimos de vacaciones”, recuerda la académica, “y fue entonces que a mi marido le ofrecen la subdirección de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en 1971. A mí me hablan de la UNAM y me invitan a hacerme cargo, en ese mismo año, de la División de Estudios Superiores de la Escuela de Economía… En 1971 regresamos, y al presentarme en la UNAM para comenzar, me informan que el comité había optado a favor de un director… Quise regresarme a Escocia, pero dos días después me habló el rector de la Universidad Anáhuac para ofrecerme la Subdirección de la Escuela de Economía con el fin de mejorar el nivel de la carrera… En dos años logré mejorar los programas de la carrera y contraté nuevos profesores con mayor nivel académico. En 1973 renuncié por desacuerdos con el director.

Trinidad Martínez Tarragó, CIDE, 1976

“Al salir de la Anáhuac, manejando en el periférico, concebí el proyecto del CIDE. Llegué a mi casa y comencé a escribirlo, y en cuatro cuartillas planteé los fundamentos, la orientación académica, los objetivos y la estructura organizativa… mi propósito era crear una institución con programas de posgrado al nivel de las mejores universidades del primer mundo”.

La idea que se materializa

“A principios de 1976, a punto de iniciar la primera generación de la maestría en Administración Publica, me avisan que estaba en venta lo que había sido el Mexico City College, y ese mismo año nos trasladamos a las nuevas instalaciones de la carretera México-Toluca”.

Horacio Flores de la Peña ocupó la presidencia del CIDE hasta que el Presidente López Portillo lo nombra embajador de Francia, y en su lugar designan a un refugiado español, Antonio Sacristán Colás, quien había sido director del Banco Mexicano de Crédito Industrial, nacionalizado por el Mandatario Adolfo López Mateos: “Pretendía que el CIDE se pusiera a sus órdenes para trabajar en un proyecto personal. Le dije que podía disponer de dos o tres ayudantes, pero que el CIDE no podía cancelar el principio de libertad académica.

“Un día me dijo: ‘a mí nadie me había parado los pies y tuvo que ser usted, una mujer’. Y le respondí: ‘pues menuda mujer debo ser, don Antonio’. Me di la vuelta y le cerré la puerta”.

En 1977 el CIDE ya tenía cinco departamentos temáticos: Economía, Administración Pública, Estudios Políticos, Estudios Internacionales y Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales; dos Institutos: el de Estados Unidos y el de América Latina. El primero fue pionero en México en investigar la economía, la política en E.U. y su impacto en México. Ya se tenían también las áreas de apoyo, como biblioteca, publicaciones, programas de extensión, entre otras. El prestigio del CIDE seguía creciendo a nivel nacional e internacional.

En 1982 llega Miguel de la Madrid a la Presidencia de México y ante la eminente designación del nuevo presidente del CIDE, Trinidad Martínez, aprovechando que lo conocía por razones generacionales, le escribe una carta en la que le decía que construir una institución académica era un tarea muy difícil, pero muy fácil destruirla; y quien quiera que fuera el nuevo presidente del CIDE, tendría que ser alguien con experiencia y vocación académica, y que no buscara obtener beneficios e intereses personales:  “su secretario particular, Emilio Gamboa, me comunicó que el señor Presidente leyó la carta, y que estaba de acuerdo con el contenido”.

Previo a lo anterior, durante la campaña presidencial, Sacristán Colás le pide a la académica reunir a todos los jefes, con la intención de escribir una carta al aún candidato Miguel de la Madrid, presentándole una terna para la elección del nuevo presidente del CIDE: “Empezamos a las cuatro; eran las ocho y no había aprobado ninguno de los nombres que se habían sugerido. Como habían pasado cuatro horas, le dije que pusiera mi nombre porque yo llevaba diez años en la Dirección, a lo que contestó poniendo su bastón frente a mi cara: ‘si a usted la nombran yo me encargo de sacarla entre mis patas’”, recuerda.

La salida

“El nuevo Secretario de Educación nombrado por Miguel de la Madrid fue Reyes Heroles, a quien Sacristán Colás fue a plantearle que Trinidad había tenido al CIDE al borde de la crisis durante diez años, y era necesario destituirla de la Dirección”, rememora con tristeza la fundadora y subraya que: “fue una mujer quien concibió y dirigió por una década al CIDE, y a partir de entonces cinco directores han ocupado el cargo y ninguno ha sido mujer”.

En marzo de 1983 llaman a Trinidad a una reunión con el secretario Reyes Heroles: “después de 20 minutos de alabar mi trayectoria profesional, me pidió que fuera su asesora personal y de esa Secretaría, cuyo puesto era incompatible con mi calidad de profesora e investigadora en la UNAM, en el COLMEX o en el propio CIDE. Le pregunté que si me estaba destituyendo de la Dirección, a lo que me contestó que no lo interpretara así. Le dije que el CIDE tiene estatutos, reglamentos y una junta de Gobierno para tomar decisiones institucionales, y que como Directora General aún me quedaban dos años de vigencia…

“No recuerdo como salí de su oficina… llegué a casa y empezaron a llegar colegas del CIDE, no faltaron llamadas para ofrecerme trabajo. A las diez de la noche entró la llamada del licenciado Echeverría, quien me dijo que se había enterado de lo sucedido, y me pidió que lo fuera a ver al día siguiente. Fui a verlo y me ofreció incorporarme al Centro de Estudios del Tercer Mundo (CESTEM), cuando quisiera y como quisiera. Como no acepté, porque no me sentía emocionalmente en condiciones de incorporarme a otra institución, me preguntó qué pensaba hacer y le respondí que arreglar los closets de mi casa…

“En abril me llega una carta del nuevo presidente del CIDE (Ricardo Carrillo Arronte) en la que me proponía que tomara el año sabático o renunciara. Le contesté con mi renuncia por escrito. Salí del CIDE en abril del 83.

“Durante mucho tiempo el licenciado Echeverría me invitó a tomar café y platicar de economía, cita a la que asistí siempre”, comparte.

Tras la salida del CIDE, su fundadora decidió crear una empresa consultora que mantuvo vigente hasta el 2002; en 2003 la UAM Azcapotzalco la invitó como profesora visitante, puesto que desempeñó hasta 2009. Tras dejar la UAM, tradujo un libro de economía y en 2010 ganó la Cátedra Extraordinaria Anual de la Universidad Iberoamericana. En 2011, siendo Director General del CIDE Enrique Cabrero (2005-2012), la llama para reincorporarla y para que se pudiera jubilar, lo que ocurre al año siguiente.

“El CIDE es mi tercer hijo: lo concebí, lo gesté y lo parí. Es el proyecto profesional más importante de mi vida. Ahora a mis 88 años, me recicle y estoy escribiendo poesía”, concluye su fundadora.

Trinidad Martínez Tarragó, 2017.



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